¿Por qué la nutrición no basta sin salud mental? Anna Viesca Sánchez

Durante mucho tiempo se creyó que mejorar la alimentación era suficiente para transformar la salud. Comer “bien”, seguir un plan y evitar ciertos alimentos parecía ser la fórmula completa. Sin embargo, desde su experiencia clínica, la nutrióloga Anna Viesca Sánchez ha observado una realidad muy distinta: la nutrición, por sí sola, no puede sostener el bienestar si la salud mental está descuidada.

Para Anna, el cuerpo y la mente no funcionan como sistemas separados. Lo que ocurre en uno se refleja inevitablemente en el otro, y pretender trabajar solo desde el plato es dejar incompleto el proceso.

La comida también responde a emociones

Anna explica que la forma en que comemos está profundamente ligada a cómo nos sentimos. El estrés, la ansiedad, el cansancio emocional o la autoexigencia influyen directamente en las decisiones alimentarias. Muchas personas no comen porque tengan hambre, sino porque necesitan una pausa, consuelo o distracción.

La comida suele ser el idioma que usamos cuando no sabemos cómo expresar lo que sentimos”, señala. Ignorar este aspecto hace que cualquier cambio alimentario se vuelva frágil y difícil de sostener.

Cuando comer bien se vuelve una carga

Uno de los puntos que más preocupa a Anna es ver cómo la nutrición, en lugar de mejorar la calidad de vida, se convierte en una fuente adicional de estrés. La obsesión por hacerlo “perfecto”, el miedo a equivocarse y la culpa constante terminan afectando la salud emocional.

Desde su visión, una alimentación que genera ansiedad deja de ser saludable, aunque en papel sea “correcta”.

La mente también regula el apetito

El estrés crónico y la falta de descanso alteran señales internas fundamentales como el hambre y la saciedad. Anna explica que, en estos estados, el cuerpo busca energía rápida y alivio inmediato, lo que aumenta antojos y desorganiza los hábitos.

Por eso, muchas personas sienten que “no tienen control” sobre la comida, cuando en realidad lo que necesitan es regular su sistema emocional.

Un enfoque más humano de la nutrición

La propuesta de Anna es cambiar la narrativa. Comer bien no debe sentirse como una obligación rígida, sino como un acto de cuidado. Esto implica permitir flexibilidad, dejar de etiquetar alimentos como “buenos” o “malos” y aprender a escuchar al cuerpo con más compasión.

No se trata de controlar la comida, sino de entender qué necesitas en ese momento”, explica.

El bienestar se construye en conjunto

Para Anna, la nutrición funciona mejor cuando se acompaña de hábitos que sostienen la salud mental: descanso adecuado, manejo del estrés, movimiento sin presión y espacios de pausa real. Cuando la mente se estabiliza, las decisiones alimentarias fluyen con mayor naturalidad.

El cuerpo responde mejor cuando no se siente en constante estado de alerta.

Una invitación a replantear el cuidado personal

En un mundo que exige productividad constante y resultados rápidos, el mensaje de Anna invita a bajar el ritmo. A entender que la salud no se logra desde la exigencia, sino desde el equilibrio.

Su visión propone integrar la nutrición dentro de un concepto más amplio de bienestar, donde la mente también recibe atención, respeto y cuidado.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *